Dentro de seis días cumplo noventa y tres años y hoy me ha dado por reflexionar sobre las ventajas y desventajas que estoy gozando y sufriendo a los noventa y dos, y cómo se presenta la vida otro año más. Me preocupa, sobre todo, si podré ir superando una prueba importantísima para mi supervivencia, como es la de si seré capaz de adaptarme a mi proceso continuo de envejecimiento, responsable de la presencia o aumento —no creo que de disminución— de esas ventajas y desventajas que tengo ahora en mi vida habitual del día a día.
Y he pensado en escribir un artículo sobre las ventajas que estoy encontrando hasta la fecha, y otro con las desventajas, para informar y tranquilizar a mis “compañeros de quinta” de lo que a ellos les puede también pasar, sin indicar por ello que estén ya muy discapacitados o comenzando con una enfermedad neurodegenerativa. Simplemente, que están envejeciendo como yo. Para ello, les contaré lo que a mí me está ocurriendo últimamente, según mis propias observaciones y pruebas médicas recientemente efectuadas, en las cuales se demuestra que no tengo ninguna gran discapacidad o enfermedad, sino el proceso normal de envejecimiento. Lo cual particularmente me tranquilizó, y espero que les pase igual a mis lectores con mi relato.
Con los años el cerebro envejece y todo nuestro organismo, que en cierta manera está a sus órdenes, también envejece. Todas las vísceras, como el corazón, el hígado, el riñón, y estructuras anatómicas como la musculatura, demuestran ese envejecimiento con pérdida de parte de su función, lo que repercute en toda nuestra vida habitual al llegar a cierta edad. Y esto es natural; lo que tenemos que hacer al cumplir años es adaptarnos al contexto que nos rodea y no esperar solo que ese ambiente y mundo que nos rodea se adapte a nosotros. Seguir luchando, por supuesto, para que gobernantes, extraños, conciudadanos y familia hagan más fácil nuestra vida, pero poner de nuestra parte todo lo posible para no “desentonar” del ritmo que lleva ese mundo. Cuestión no fácil de lograr, pero que tú y yo tenemos que intentar.
Alejandro José Domingo Gutiérrez
No hay comentarios:
Publicar un comentario