martes, 28 de julio de 2026

 LO BUENO Y LO MALO DE CUMPLIR LOS NOVENTA Y TRES

Hace cinco días que los cumplí y quisiera aprobar este año la asignatura más importante de este tiempo, como es la de adaptar mi vida a la del mundo y al ambiente que me rodea. Y para ello debo comenzar en este artículo, según lo prometido en el anterior, reflexionando sobre algunas de las ventajas y desventajas que me ofrece este nuevo periodo de mi vida, para que mi pensamiento, mis emociones y mi conducta estén lo máximo de acuerdo con el contexto y el ambiente en que me toca vivir este año.
La primera advertencia para la comprensión del relato es que este es subjetivo, según mi mente, que aprecia lo que conoce como ventajas o desventajas, distinción no siempre fácil. Y por esa dificultad las trato conjuntamente en este artículo. Y la segunda es que esta visión subjetiva de la realidad no es la objetiva que pueden observar y apreciar mis lectores, sobre todo en lo referente a este contexto concreto y actual en que yo me muevo para escribir lo escrito.
Alguna ventaja que yo aprecio: desde el día de mi cumpleaños, lógicamente y precisamente en esta fecha y con más intensidad, vengo apreciando que aumenta la amabilidad y la solidaridad hacia mi persona cuando se enteran de mi edad. Desde el nivel de vecindad, conocidos, desconocidos, etc., observo detalles que antes no veía o veía en menor grado, como era la cesión de asientos en transportes públicos, preferencias de paso, ayuda a mi movilidad, etc., etc. Y no digamos nada del nivel de amistad y familiar, que se vuelcan más en hacernos la vida más fácil. Estoy viviendo la cara más amable y solidaria de la humanidad.
Desventajas, esta vez mentales: con la edad voy observando que razono más y más lentamente al tomar mis decisiones de emprender o seguir una conducta. Y voy quitando emoción a estos pensamientos y decisiones, disminuyendo el valor emocional de lo pensado, valorado o ejecutado. Aunque a veces sea una ventaja, sobre todo cuando se trata de disgustos.
Con la edad voy perdiendo memoria para recordar caras, fechas, nombres, lo que da lugar a situaciones incómodas. Quizá he tenido contigo una charla agradable hace seis meses y ya ni me acuerdo; no del contenido de la charla, sino de que eras tú el interlocutor de esa charla. Perdóname, antiguo paciente y amigo, que me saludaste esta mañana en el paseo y me mostré poco expresivo; la verdad es que no había reconocido ni tu cara y menos tu nombre, y no podía preguntar por lo tuyo.
Con la edad, mi coordinación entre el cerebro y el resto del organismo se hace más lenta e imprecisa. Esto se hace más evidente con la motilidad al caminar y los movimientos articulares más finos, que acentúan mi torpeza en algunas tareas habituales. No tomes estos síntomas, lector de los ochenta o los noventa, como una enfermedad degenerativa declarada; es simplemente la edad, que nos va dejando sus huellas.
Con la edad mi carácter está cambiando, con momentos en que ni yo mismo me aguanto, sobre todo en el ambiente familiar, con obsesiones y manías que antes no tenía. Si a ti te pasa igual, no te preocupes: procura controlarte y guarda para ti las cosas que no te gustan. A la larga es lo mejor, aunque de entrada te cueste tener la boca cerrada.
Balance entre las ventajas y desventajas: a pesar de que las desventajas mentales y somáticas de tener estos noventa y tres predominan sobre las ventajas, quiero seguir viviendo como ahora. Y seguir a mi admirado Antonio Machado cuando decía: “Lo de hoy es lo de siempre”. No es fácil adaptarse al ritmo de la realidad actual, como no lo es cuando en el Madeira de Benidorm intento, una vez al año, bailar una bachata en vez de mi conocido pasodoble. Pero lo intento, aunque llame la atención de los que saben mi edad.
Cómo es mi vida este verano en Benidorm: no escribo para que me imites, pues “cada maestrillo tiene su librillo”, y tampoco para que tomemos este verano como modelo de ambiente térmico con estas temperaturas tan elevadas. La afectación de mi termostato corporal me ha obligado a acudir a lo que nunca me ha gustado: al frío artificial, especialmente cuando la temperatura superaba los treinta grados y durante las horas de más calor.
Dos paseos, mañana y tarde, cuando el sol calienta menos o se ha puesto. Entre tres y cuatro kilómetros diarios. Piscina matutina que me sirve de charla con vecinos, ya amigos, que aumentan y complementan mis conocimientos, valores y sentimientos. Comida frugal, demasiado escasa para la valoración de mi mujer. Siesta de hora y media, y lectura de algún libro después. Y un rato para saludar a mi ordenador de mesa y escribir algo para el bloc. Y merienda-cena y el paseo vespertino al cual antes me refería. Adapta esto a tus circunstancias, procurando que este entrenamiento mental y somático veraniego te sirva para ralentizar el envejecimiento.
Alejandro José Domingo Gutiérrez
Julio del 2026

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