Mi estancia de un año en la ciudad ceutí, otros dos en la zona norte de Marruecos, mi paso por el Sáhara y otro año en Sidi Ifni creo que me autorizan a escribir un artículo sobre el tema de actualidad de estos días, como es el de la presunta invasión de Ceuta por personal marroquí y sus presuntas causas.
Para ello, tenemos que comenzar por los antecedentes ya lejanos de esta crisis en relación con mi historia médica militar. En los años 50 del pasado siglo, fui destinado a un destacamento en la zona de Anyera para proteger al rey de Marruecos de un complot de rifeños formado para derrocar al recién nombrado monarca. Apenas habían pasado más de dos años y ya me mandaban a una guerra en Sidi Ifni, donde tropas del mismo rey, al mando de su hijo, atacaban y mataban a muchos españoles paracaidistas que defendían esa zona bajo dominio español. Ya empezamos entonces con las traiciones en un intento de ampliar el territorio.
Ahora, el Gobierno marroquí, con el consejo de Estados Unidos e Israel, está permitiendo, con la invasión pacífica de 50.000 marroquíes, provocar el conflicto con España y ampliar sus dominios como entonces. Y, para ponerse el traje de pacífico, al día siguiente permite que un número importante de ¿invasores? regresen a Marruecos.
Así de sencillo veo yo el tema; pero, como en una enfermedad, además de antecedentes tenemos unos síntomas evolutivos, unas circunstancias predisponentes y agravantes, y otras consecuentes, con lo cual las causas de esta crisis y estos acontecimientos de ayer no son tan fáciles de explicar sin conocer los factores que intervienen.
Y entre ellos está la ayuda en infraestructuras e inversiones que está haciendo Estados Unidos a Marruecos en forma de bases militares, compañías conjuntas, etc., y que crean fuertes dependencias por encima de relaciones diplomáticas y tratados internacionales. Como lo están también las relaciones más estrechas de España y Argelia en el plano comercial.
No quiero intervenir opinando sobre la política de Marruecos, que no es asunto mío, pero sí referirme a que este país debería revisar su política con España, al igual que España con Marruecos, para que las relaciones entre ambos sean más sinceras, honestas y beneficiosas para las dos naciones.
Alejandro José Domingo Gutiérrez
Agosto de 2026
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