miércoles, 12 de agosto de 2026

PORVENIR DE BENIDORM

Escribo este artículo desde Benidorm, mi lugar de veraneo desde hace ya muchos años. Cada temporada me encuentro con una ciudad que va creciendo, sobre todo en la construcción vertical: más rascacielos y cada vez más altos en las parcelas que van quedando libres. Me pregunto hasta cuándo va a continuar este crecimiento y si a Benidorm le queda potencia y posibilidades de seguir aumentando en edificaciones, población e importancia. La duda me surge ante el recuerdo de otros booms similares que un día se desinflaron y quedaron como un residuo de glorias pasadas. Me viene a la memoria el ejemplo de Acapulco; lo conocí en todo su esplendor y, cuando volví años después, no era ni la sombra de lo que fue.

En mi opinión, que recoge la de mis contertulios de “la sombra del Ficus” —los Chemas de Segovia y Vitoria, Jesús y Pachi—, a Benidorm le queda mucha vida en “cuarto creciente”. Es una vitalidad que se demuestra no solo en su demografía y edificaciones, sino también en su comercio, en sus diversiones, en sus playas, en su puerto, en sus elementos culturales, en sus restaurantes y tascas, en sus hoteles, en sus paseos, en sus clínicas y hospitales, y en sus iglesias y mezquitas, ya sea cuando visitamos la ciudad por primera vez o en sucesivas ocasiones, o cuando vivimos en ella.
Si consideramos la creciente edificación vertical, el desarrollo de Benidorm parece no tener fin, así como el número de sus habitantes. Esto es algo que no ocurrió con otros lugares de moda, como Marbella, donde sus edificaciones —preferentemente horizontales— limitaron su crecimiento.
Esta es nuestra opinión, pero el tiempo nos dará o quitará la razón.
Alejandro José Domingo Gutiérrez
Benidorm, 10 de Agosto de 2026

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